Significado de la mitología

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La mitología es la historia de personajes sobrenaturales, rodeados de simbolismo y venerados en forma de dioses, semidioses y héroes, que gobernaban las fuerzas de la naturaleza, mandaban los rayos, los vientos, los ríos, los cielos y las tierras, el sol y la luna. Es el conjunto de fábulas que explican el origen de los mitos, de las deidades mitológicas, que tuvieron en sus manos el destino de los hombres y gobernaron el mundo.

Mito, del griego, significa narrar, contar. En el sentido figurado, significa algo increíble. El mito también significa carácter divinizado. Logia, del griego lógos, significa estudio, palabra, ciencia.

La mitología es el estudio de las leyendas, mitos, narraciones y rituales, con los que los pueblos antiguos veneraban a los dioses y héroes. La mitología es la ciencia que busca la explicación de los mitos, que tienen un carácter social desde su origen, y que sólo son comprensibles dentro del contexto general de la cultura en la que fueron creados.

Significado filosófico de la mitología

Las culturas antiguas, en un intento de enfrentar los problemas relacionados con la existencia de la vida y de entender el mundo, encontraron una forma de defenderse de los peligros reales e imaginarios, creando sus dioses, semidioses y héroes, involucrados en historias de magia y rituales fabulosos, frente a las fuerzas misteriosas que creían que todo gobernaba.

Los actos mágicos significaban un esfuerzo del hombre por comprender y resolver sus problemas, que eran enormes frente a su ignorancia del mundo.

Mitología griega

La mitología griega es la historia de los innumerables dioses inmortales, criaturas semidivinas y musas, creados en la antigua Grecia, y que se extiende a lo largo de los siglos. La mitología griega apareció como un intento de explicar los fenómenos naturales, o como una garantía de victoria en las guerras, de buena cosecha, suerte en el amor, etc. Las deidades griegas estaban dispuestas en una jerarquía y sus dioses eran muy similares al hombre. Las actitudes de celos, envidia, rencor y amor eran comunes, ya que los dioses del Olimpo se comportaban como criaturas humanas. Pero estaban dotados de mayores poderes, más belleza y perfección e inmunes al tiempo.

Zeus era el señor de los hombres y el gobernante supremo de los dioses que habitaban el Monte Olimpo. Para obtener las buenas gracias, los griegos honraron a las poderosas criaturas con ritos, fiestas y ofrendas. Cada entidad representaba las fuerzas de la naturaleza o los sentimientos humanos: Afrodita representaba (la belleza y el amor); Atenea (la sabiduría); Artemisa (la luna); Dionisio (la fiesta, el vino y el placer); Deméter (la tierra fértil); Febo (el sol); Hermes (el viento); Poseidón (los mares) etc.

Los principales héroes griegos, casi dioses, fueron capaces de vencer a los monstruos, luchar contra los enemigos y realizar actos imposibles para los mortales. Entre ellos están: Perseo (mató a Medusa, una terrible criatura con una peluca formada por serpientes, cuyos ojos convertían en estatuas de piedra a todos los que se enfrentaban a ella); Teseo (participó en el viaje de los argonautas y mató al Minotauro); Héracles (Hércules, para los romanos), (hijo de Zeus y Alcmena, tenía como cualidad principal la fuerza física); Agamenón (fue el comandante de la guerra de Troya); Aquiles (participó en el asedio de la ciudad de Troya); Edipo (descifró el enigma de la esfinge); Atlanta (heroína que participó en la caza del jabalí de Caridón).

Mitología romana

La mitología romana es la historia de varios dioses y héroes, que fueron admirados durante el Imperio Romano, provenientes de las deidades etruscas, celtas, egipcias, itálicas y principalmente griegas, cuando Grecia pasó a formar parte del Imperio Romano.

En los primeros días del Imperio, los dioses existían sólo para servir al hombre y como el pueblo era generalmente campesino, los romanos adoraban a los patrones de los rebaños y los campos. Les ofrecían animales, vino e incienso antes de la cosecha, y se invocaba a los dioses para que protegieran los trabajos del campo.

Entre los dioses conquistados por Roma, los griegos eran los más importantes, y al ser incorporados a la Asamblea Divina de Roma, hicieron que los romanos reformularan su concepción de las fuerzas sobrenaturales. Perdieron su aspecto utilitario y asumieron características humanas. Algunos dioses desaparecieron y otros cambiaron sus nombres y recibieron varias asignaciones. Así, Júpiter (era el dios supremo, el dios de la ciudad, del rayo y del trueno); Venus (diosa de la belleza y del amor); Minerva (la sabiduría); Diana (diosa de la luna y de la caza); Baco (dios del vino y de las bacanales); Ceres (la tierra fértil); Apolo (el sol); Mercurio (el viento); Neptuno (los mares) etc.

Hércules, que en la mitología griega se llamaba Heracles, se hizo más importante en el Imperio Romano. Famoso por su fuerza, se enfrentó a difíciles tareas para matar monstruos y animales feroces.

Mitología egipcia

La mitología egipcia es el conjunto de fábulas que reunió una considerable variedad de dioses, inmersos en la fuerza de la religión, que sirvió para justificar teóricamente la organización general de la sociedad, que vivía de acuerdo con los dioses, siguiendo los principios establecidos por ellos.

Cientos de dioses protegieron la agricultura, otros el lenguaje, la enseñanza y la literatura. Cada ciudad o distrito tenía sus propios dioses. Osiris era el dios de la muerte, porque los egipcios creían que el hombre, al morir, empezaba a vivir de forma diferente en el mundo de los muertos, de ahí la práctica de momificar a los muertos más ilustres. Amón, o Amón-Ra, era el dios del sol, elevado a dios nacional en la XI dinastía. Era la mayor deidad egipcia. Isis era la diosa del amor y la magia, era la hija de Geb, dios de la tierra y Nut diosa del firmamento.

Por razones políticas, para que un dios simbolizara a un monarca, se acercaron al monoteísmo. De hecho, sólo se dijo que unos pocos dioses eran más importantes. El faraón Amemophis IV, abandonó el politeísmo e impuso el excesivo culto al dios Átomo, el propio Sol, y se nombró a sí mismo representante de Atón en la tierra. En el reinado de Ptolomeo, Serapis era el dios oficial, que resultó de la fusión de los dioses Osiris y Ápis.

Mitología nórdica

La mitología nórdica tuvo su origen a través de las sagas, cuentos que alababan a los héroes. Aparecieron alrededor del siglo X en Islandia, donde las principales familias islandesas, ávidas de inmortalidad, encargaron a los sgnamenn, hombres de extraordinaria memoria y talento narrativo, que contaran los hechos de sus orígenes. Los reyes noruegos adoptaron la misma hazaña. A estas historias se añadieron elementos fantásticos y míticos, y los héroes se mezclaron con los dioses.

Los pueblos nórdicos eran los habitantes de los países ahora conocidos como Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia. Para estos pueblos, el centro del mundo era Midgard, el hogar de los hombres. La casa de los dioses era Asgard, y alrededor de las dos moradas estaba el mar, la tierra de los gigantes y la gran serpiente. Odín gobernaba a los dioses y a los hombres y conocía todo el pasado, presente y futuro. Su hijo Thor ordenó el trueno, que fue levantado por golpes de martillo. Loki, dios del fuego, era el consejero y enemigo de los tramposos.

En Asgard estaba Valhala, el paraíso, donde las Valkirias, mujeres guerreras, se llevaban a los héroes muertos en combate. Allí vivirían eternamente jóvenes, en cacerías y fiestas, esperando la resurrección del mundo. Tendrían que enfrentarse a los gigantes, a los monstruos, a la serpiente y al hijo de Loki. Los héroes serían derrotados y la tierra estaría toda oscura y fría hasta que la vida comenzara de nuevo. Cualquiera que no muriera en batalla iría al reino del infierno, eternamente congelado y en la oscuridad.

Mitología celta

La mitología celta es el resultado de la mezcla de varias civilizaciones. Los celtas eran pueblos bárbaros que se extendieron por la mayor parte de Europa y fueron la raíz de muchas culturas. Los celtas estaban formados por varias tribus rivales, dirigidas por un jefe guerrero, y cada tribu adoraba a sus diferentes deidades.

Los celtas no constituyeron un imperio con unidad política, pero la unidad cultural fue asegurada por los sacerdotes, llamados druidas, que se encargaron de mantener las normas. También fueron responsables de la práctica de rituales mágicos y religiosos. Para adorar a sus dioses, los celtas inicialmente construyeron sus altares al aire libre, en los bosques, donde realizaban sus rituales.

La mitología celta se divide en tres grupos: la irlandesa, la británica y la continental. Entre los principales dioses adorados por los celtas están: Sucellus, el rey de los dioses, que representaba la fertilidad; Dagda, dios de la magia y la sabiduría; Taranis, dios del trueno que aparecía en el cielo en un carro; Lugh, dios del sol y la luz; Tailtiu y Macha, diosas de la naturaleza; Cernunnos, dios de los animales, con ojos y cuernos de ciervo, podía tomar la forma de varios animales; Morrigan, diosa de la guerra; Dea Matrona, era la diosa madre, representada por tres mujeres; Epona, diosa de los caballos. Cuchulain, era el hijo de Lugh, el héroe guerrero que mató a sus enemigos con una lanza llena de espinas.